Venezuela, un autogolpe con guion de película y desenlace a la carta

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Por Julio Á. Fariñas

La sorprendente entrada en escena de Luisa Ortega Díaz la Fiscal General de la República, cuestionando la constitucionalidad de las polémicas sentencias dictadas por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, aparentemente no encaja mucho en el guión original. De entrada, ha sido acogida con gran alborozo por la oposición y con incredulidad y preocupación por unos pocos malpensados, Estos quieren ver detrás de la misma, otra inteligente jugada de los estrategas del chavismo-madurismo. Una maniobra que, si les sale bien, pueden convertir en crónico el drama que padecen los venezolanos.

Demasiadas casualidades

A estos suspicaces les parece que no es casual el que el TSJ haya hecho públicas las sentencias 155 y 156, en las que priva de inmunidad a los parlamentarios y de todas sus competencias al poder legislativo, justamente cuando el Gobierno está en el punto de mira de la diplomacia continental, especialmente después del contundente informe del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el que calificaba de dictadura al régimen venezolano y pedía, en base a datos demoledores, la aplicación de la Carta Democrática de la OEA.
Cuando el drama venezolano había vuelto a las primeras páginas de la prensa internacional, cuando la oposición empezaba a recuperar su fortaleza y el respaldo popular, como se vio en las pruebas de validación de los partidos, cuando el acceso a los mercados internacionales, tanto financieros como de productos básicos, se les estaban complicando cada vez más, aparece en escena Luisa Ortega, uno de los baluartes del ala dura del chavismo.
En su intervención dentro del acto de presentación de la memoria anual de la Fiscalía, intervención que lleva escrita y que no solo se transmitió íntegra por VTV, el canal oficial y, a petición propia, por Periscope, Ortega constató una evidencia de la que lo único novedoso era que saliese de su boca: las sentencias en cuestión «rompen el hilo constitucional».Para dar más fuerza a esta puesta en escena los estrategas sacaron del armario a Isaías Rodríguez, el antecesor de Luisa Ortega en la Fiscalía General de la República, quien desde su actual confortable destino en la embajada de Roma, opinó todo lo contrario.
Pero a los que en un primer momento vieron la salida de tiesto de la Luisa Ortega como una pataleta-vendetta por no haber sido nombrada presidenta del Tribunal Supremo, que sería la brillante culminación de su carrera profesional, se les cayó el santo cuando a las pocas horas -la madrugada del sábado- tras una sesión permanente del Consejo de Defensa de la Nación presidido por Maduro anunció en cadena nacional que la controversia entre la Fiscalía General de la República y el Tribunal Supremo de Justicia había quedado superada.
Más tarde Tereck el Aissami, vicepresidente y jefe del comando antigolpe, leyó un comunicado oficial en el que tras ratificar el Tribunal Supremo las competencias de la Sala Constitucional del Supremo como el órgano competente para controlar la constitucionalidad de los actos emanados de cualquier órgano del poder público, la exhorta a revisar las dos sentencias de la polémica.
Y así será. La obediente Sala Constitucional se enmendará la plana así misma y no solo no se ruborizarán, sino que la venderán como una prueba fehaciente de la independencia de los poderes públicos, que unos cuantos malvados que responden a extraños intereses han tenido la osadía de cuestionar.

El desenlace

El desenlace del culebrón se ve venir: Luisa Ortega, la máxima responsable de la formulación de las acusaciones sin pruebas que condenaron a Leopoldo López, se convierte en la gran heroína de la oposición. Rodríguez Zapatero, el gran tonto útil del madurismo, venderá que esa salida fue posible, en buena medida, gracias a sus buenos oficios como mediador y seguirá soñando con el Nobel de la Paz.
Por otra parte, a Almagro, la bicha por excelencia del madurismo, que le toca dejar ya su puesto como secretario general de la OEA, entregará sus poderes a un amigo boliviano y las aguas de la diplomacia internacional irán volviendo poco a poco a su cauce.
Mientras tanto, los venezolanos, especialmente los niños, estarán cada día más desnutridos, las colas para conseguir gasolina se harán más largas de las que se hacen para conseguir alimentos, se soltará a algún preso político (no a todos), se convocarán elecciones regionales y municipales y se celebrarán cuando vean posibilidades de ganarlas.
Luego, ¡dios dirá!…..a no ser que reviente la olla chavista, con lo que el resultado final estará en función de los efectos colaterales de la explosión.

Fuente la Voz de Galicia

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