SIN SALIDA

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Por Jonathan Planchart

Como se sabe, Venezuela atraviesa la más grande crisis de su historia republicana, la summa de todas las crisis: Inflación galopante combinada con desempleo, caída de los precios del petróleo, escasez de alimentos, medicinas, repuestos, escasez de dólares, electricidad, agua y de neuronas.

El ejecutivo se sumerge en las profundidades de una situación crítica en la que ha demostrado su infinita incapacidad de resolver los exacerbados problemas que acechan desde hace al menos 2 años a los venezolanos, pero cuyas raíces tienen mayor profundidad.

Las políticas de expropiaciones, ataques al sector privado de la economía, control de precios, cerco a la propiedad privada, control de cambios y dádivas a países foráneos han acabado con el tejido económico de la nación, la productividad general, el campo. Generando un daño económico pero también social y político, el cual se manifiesta principalmente en interminables colas para conseguir productos básicos y una suerte de diáspora criolla. Hoy por hoy venezolanos, principalmente hijos de la otrora petulante clase media se van a buscar fortuna en países como España, Chile, Argentina, Ecuador, Guatemala, Panamá, Canadá, Australia, Francia, Alemania, Italia, Portugal y, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y, por supuesto, Estados Unidos.

Por otro lado, el gobierno, y el PSUV que es lo mismo, se resisten a una salida pacífica, constitucional y electoral, dificultando la transición que ya se inició con el resultado de las parlamentarias del pasado 6 de diciembre. Ese día el país habló. En términos generales, el 60 % de los venezolanos votó a favor de un cambio. Sin embargo, la lectura del Presidente de la República y del partido de gobierno ha sido torpe. Se aferran al poder a costa del sufrimiento de un pueblo que vive prácticamente los rigores de una guerra no declarada. El hampa hace lo suyo con cerca de 25.000 decesos anuales producto de la violencia desatada.

En este punto cabe preguntarse, ¿Hay gobierno en Venezuela? Porque si no es capaz de garantizar servicios públicos, seguridad, alimentos, medicinas y la estabilidad de la moneda entonces la respuesta es obvia. El PSUV debe entender que cada día que pasa en el gobierno la crisis se agrava y que por lo tanto debe negociar su salida del poder.

Las negociaciones son complejas, es fácil entender por qué se aferran al poder, sin embargo, el costo de seguir en él a toda costa puede ocasionar situaciones imprevistas con alto costo social y político, como revueltas y sacudones. Nadie quiere eso, se impone una salida negociada a esta crisis. Hasta el Vaticano tiene sus ojos puestos en Venezuela. Un cambio de gobierno beneficiaría al país, devolvería la confianza, llegarían capitales, se tomarían medidas sensatas que sacarían poco a poco de la crisis al país. Es cuestión de sensatez y sindéresis, y también de un poco de humildad, entender que la hora de la revolución tuvo su momento y ya pasó, y que es tiempo ya de un cambio. Pero con un Tribunal Supremo de Justicia y una institución armada al servicio de un partido se torna complicada la salida.

jonathanplanchart@dialogopolitico.net

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