LA LARGA SOMBRA DE FIDEL Y SU REVOLUCIÓN

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Por Carlos Ernesto Rodríguez

A mediados de la década de los 80’s del siglo XX, con el agotamiento del modelo soviético y con la entrada en la escena mundial de Mijail Gorbachov y su Perestroika, el mundo comenzará a cambiar irremediablemente.”

1 de Enero de 1959. Fulgencio Batista huía de Cuba con destino a Santo Domingo y con ello se decretaba el triunfo de Fidel Castro y su ejército revolucionario. El 8 de Enero ocurría la entrada de Fidel en La Habana y comenzaba una larga historia como jefe de estado, hasta el 31 de Julio de 2006, fecha en la que transfirió el poder a su hermano Raúl Castro.

La Revolución Cubana y obviamente la figura de Fidel Castro son de esos temas polémicos que no dejan indiferente prácticamente a nadie. En cuanto a la Revolución, creo que podemos dividir los más de 50 años de duración en un primer período de esplendor que puede haber durado entre 20 y 25 años y que coinciden con las décadas de los 60’s, 70’s e incluso mitad de los 80’s del siglo XX. Esta época está cargada de romanticismo, asociada a la imagen de la lucha de un grupo de jóvenes cubanos contra una dictadura altamente corrupta e inmoral, que dejan la comodidad de sus trabajos, vidas relativamente acomodadas por el ideal de libertad y la construcción de una sociedad más justa.

Adicionalmente en el contexto de La Guerra Fría y después de la llamada “Crisis de los misiles” de Octubre de 1962 EEUU decreta un bloqueo económico a la isla, lo que aumenta la solidaridad internacional hacia el régimen cubano. En este proceso se va acrecentando la figura de Fidel Castro, que inevitablemente se transforma en el líder natural de la izquierda latinoamericana.

A mediados de la década de los 80’s del siglo XX, con el agotamiento del modelo soviético y con la entrada en la escena mundial de Mijail Gorbachov y su Perestroika, el mundo comenzará a cambiar irremediablemente, a una velocidad impresionante. Antes de terminar dicha década caerá El Muro de Berlín y en los primeros años de la década de los 90’s desaparecerá la URSS y con ella el principal socio económico de la Cuba de Fidel.

Es en este contexto donde comienza esa segunda etapa de la Revolución Cubana, que es la que aquellos que hemos nacido en los años 70’s y 80’s recordamos de manera más nítida y que a mi entender carece de todo el romanticismo de los primeros años.

Lejos de la imagen de aquel Fidel joven y sobre todo del Che Guevara como símbolos de la irreverencia mundial, la imagen que se proyecta al mundo es la de la intransigencia en el gobierno, con medidas como el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa, el encarcelamiento de disidentes y la desaparición súbita de la escena política por desacuerdos con el líder de figuras jóvenes como el canciller Roberto Robaina. Así Fidel pasa de ser un símbolo para la juventud de la ruptura de paradigmas políticos en el año 1959 a ser un símbolo de la intransigencia y obstáculo para el desarrollo natural de una nación y un sistema de gobierno creado por el mismo.

Es una etapa dura, gris, triste, donde lo que prevalecerán son los intentos desesperados de Fidel Castro y su entorno por preservar el status quo, aun a costa de desechar reformas que hubiesen permitido no solo mayor apertura política sino el alivio de las condiciones de vida precaria a las que se encuentra sometida la población cubana (condiciones a las que contribuye el embargo decretado por EEUU en 1963). Fidel de alguna manera dejó pasar la oportunidad en esta época de migrar a un régimen de mayores libertades económicas e individuales, oportunidades que no desecharon China y Vietnam cuando descartaron la ortodoxia ideológica y se centraron en el progreso material como finalidad de sus políticas de apertura.

Sin embargo, suelo pensar que la dureza del llamado “Periodo Especial” hubiese provocado la rectificación del gobierno cubano por la presión interna de no haber sido por la aparición de una nueva figura en el panorama político latinoamericano como lo es Hugo Chávez.

Y más que Hugo Chávez, la economía venezolana y sus petrodólares como sustento y sustitutivo de la URSS como principal socio comercial de Cuba, es lo que ha permitido mantener al régimen cubano alejado de ciertas medidas de apertura que de todas formas terminarán por llegar más temprano que tarde como la legalización de pequeñas y medianas empresas, la aceptación de la participación de opositores y disidentes en la vida política cubana, incluso en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Estando de acuerdo o no con la figura de Fidel Castro o con la Revolución Cubana, lo que no se puede negar es el impacto que han tenido en el contexto político mundial y muy especialmente en América Latina. En la época de la Guerra Fría producto del apoyo de Fidel a los movimientos guerrilleros latinoamericanos y mundiales, llegando incluso a enviar tropas y apoyo logístico a países tan lejanos como Angola o Etiopia, o a países cercanos como Venezuela. O en los años más recientes a través de Hugo Chávez y por medio de la Alternativa Bolivariana para Las Américas (ALBA) y como sustento ideológico de la izquierda radical latinoamericana y mundial.

Lo que parece quedar claro es que buena parte de la izquierda latinoamericana ha optado por aplicar políticas de corte social desde regímenes democráticos obteniendo muy buenos resultados como en el caso de Brasil y Chile.

Así en el siglo XXI lo que parece ser verdaderamente revolucionario es conseguir crecimiento económico constante y redistribuir ese crecimiento a partir de programas sociales que permitan salir de la pobreza a muchas personas y sobre todo cumplir con los períodos de gobierno establecidos, lo demás es volver a utopías y espejismos que al tratar de llevarse a la practica inevitablemente terminan en fracasos o en paradojas como la de Cuba que 50 y tantos años después de aquel 1 de Enero muestra indicadores económicos propios de economías fracasadas y con personas tratando de salir del país por todos los medios (en balsas, desertando en eventos deportivos, entre otros) y marcas sociales comparables incluso con países del primer mundo (esperanza de vida superior a 77 años y un índice de mortalidad infantil de 5,3 por cada mil nacidos vivos, por solo nombrar 2 datos).

carlosrodriguez@dialogopolitico.net

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