EL GRAN DESAFIO DE SANTOS: LAS FARC

Posted on


Por Silvina Ruiz Boyadjian

¿por qué si la guerrilla sigue desafiando al Gobierno con terror, el presidente Santos decide sacar una bandera blanca y buscar el diálogo?

Durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002) muchos han sido los acercamientos para negociar entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). De hecho, hace apenas una década, los miembros de las FARC llegaban a la mesa de negociaciones con Pastrana, en actitud arrogante, exhibiendo sus bien lustrados fusiles, para luego soltarse en largos monólogos en los que reclamaban innumerables peticiones. Por aquella época, el grupo guerrillero estaba presente en los 32 departamentos del país e incluso tenían un músculo militar que le permitía tomar poblaciones enteras y llevarse a cuanto agente o soldado hubiera sobrevivido a sus devastadores ataques.

Pero las consecuencias fueron terribles: durante las conversaciones en San Vicente del Caguán, se terminó con secuestros de políticos, matanzas y el fortalecimiento de esta guerrilla.

Por ello, la sociedad exhausta votó en el año 2002 por la mano dura eligiendo a Álvaro Uribe, quien no se tomó un respiro en su propósito de vencerlos militarmente. Con su Política de Seguridad Democrática, llevó la fuerza pública a 300 de los 1.100 municipios colombianos en donde la guerrilla dictaba la única Ley. A medida que iban cayendo comandantes de la guerrilla, otros eran capturados y centenares más le decían adiós a las armas y se reincorporaban a la vida civil.

Aquí la gente empezó a recuperar de a poco la confianza y a su vez la economía colombiana, que bordeaba la recesión, llegó a crecer un 7,4%, por encima de la media latinoamericana (5,5%). Regresaron las inversiones y miles de personas que habían salido de Colombia, entre ellos cientos de cerebros fugados retornaron.

Al ser elegido a la presidencia en 2010, Juan Manuel Santos anunció que si bien el país iba por buen camino ahora había que esforzarse más para alcanzar el desarrollo y que esto pasaba por la reconciliación.

Aunque el contexto de reconciliación solo fue asumido por Santos en ese momento ya que en mayo de este año, las FARC atentaron contra Fernando Londoño, ministro del ex Presidente Álvaro Uribe, con una bomba en Bogotá que dejó dos muertos. En Cauca, en el suroccidente, no han dado tregua en sus ataques violentos contra los indígenas. Hace días, el mismo Santos denunció que esta organización tenía un plan concreto para matarlo a él. Y hace pocos días un coche bomba causó seis muertos, entre ellos dos niños, en el departamento del Meta.

La pregunta es, entonces, ¿por qué si la guerrilla sigue desafiando al Gobierno con terror, el presidente Santos decide sacar una bandera blanca y buscar el diálogo?

La gran respuesta que todos podrían hacer es la más obvia: porque todos los colombianos están cansados de tanta violencia. Esto es una gran verdad, pero desde mi punto de vista viendo a Santos como un gran tecnócrata, está claro que para el y sus asesores ésta es la época de la globalización, del libre comercio, del capitalismo mundial, y eso sólo se hace con paz.

Hace un par de años, Colombia recuperó el grado de inversión que perdió a finales de los noventa. Hoy en día, su inversión extranjera directa (IED) sobrepasó los 13.000 millones de dólares. Las exportaciones colombianas superaron los 50.000 millones de dólares en 2011, una cifra sin precedentes. Y en materia petrolera, el país se acerca a una producción de 1 millón de barriles diarios. Además, la confianza en el país hoy es enorme ya que tienen una economía con una inflación baja y estable y unas condiciones monetarias y fiscales que muestran gran estabilidad y fortaleza.

De hecho, en su informe del año pasado la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) se informó que “En la región, solo Colombia mantiene el dinamismo en el exterior”.

Pero más allá de que su Producto Interno Bruto (PIB) creció el año pasado un 5,9% y de todo lo anterior descrito, eso contrasta con el gran atraso en materia de infraestructura y en niveles de pobreza de los que el propio Presidente Santos dice sentir vergüenza.

Y es aquí donde, para mi, esta “la” respuesta a el porqué de querer negociar de forma imperante con las FARC: En la lucha en contra de estas fuerzas insurgentes el gobierno gasta millonarias sumas de dólares para la guerra. Si esos recursos se destinaran a asistencia y obras públicas, Colombia daría un paso enorme y sería el sueño de país que cualquier presidente tecnócrata anhelaría.

Así es como actualmente el inicio de los diálogos está en manos de un puñado de negociadores. Por parte del Gobierno están Frank Pearl, ministro de Ambiente y excomisionado de paz y Sergio Jaramillo, asesor presidencial en temas de la guerrilla. Y por el lado de la guerrilla Rodrigo Granda (conocido como el canciller de las FARC) y Mauricio el Médico, quien sucedió al Mono Jojoy cuando murió en un bombardeo en 2010.

El presidente colombiano dijo en su ultimo discurso respecto de las negociaciones, que en las condiciones en las que se están dando estos acercamientos: no se repetirán los errores del pasado (en clara referencia al Caguán); el proceso debe acabar con el conflicto y no prolongarlo; y no se desmilitarizará “ni un centímetro” del país para sentarse a hablar con esta guerrilla.

Y aunque no se ha dicho de manera oficial, ha trascendido en Colombia que este proceso se oficializaría el próximo 5 de octubre en Oslo, Noruega, país que al parecer ha prestado sus buenos oficios para que el gobierno y esta guerrilla pongan fin al conflicto de manera negociada.

Este mensaje, de manera general, ha caído bien en diverso sectores. Después de los ochos años del ex Presidente Uribe que fueron determinantes para doblegar militarmente a las FARC y los dos años del presidente Santos en los que también ha habido resultados contundentes como la muerte del jefe guerrillero ‘Alfonso Cano’, muchos creen que se ha llegado al momento perfecto para sentarse a hablar.

El sector empresario, quienes comparten su punto de vista, le dijeron que están de acuerdo en la búsqueda de la paz negociada y por ello están dispuestos a pagar un impuesto extra para apoyar el proceso y aún más en dar vocería política y acceso a cargos de elección popular a los desmovilizados, en caso de que este resulta exitoso.

En el terreno político, Santos invitó a todos los movimientos políticos a trabajar en conjunto en lo que se llama la unidad nacional. Igual hizo con las altas cortes y los periodistas más críticos.

Y en el contexto internacional, Santos se reconcilió con los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez; y de Ecuador, Rafael Correa; países con los que Uribe había llegado a un alto nivel de pugnacidad, precisamente a causa de las FARC.

Mas allá de la incertidumbre por lo que sucederá con las FARC se podría decir que parece ser que con Santos los tiempos de crispación quedaron atrás.

silvinaruizboyadjian@dialogopolitico.net

Anuncios

Un comentario sobre “EL GRAN DESAFIO DE SANTOS: LAS FARC

    Ori81 escribió:
    septiembre 15, 2012 en 1:52 pm

    Muy buen articulo, un análisis muy profesional y acertado, lo voy a compartir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s