A 20 AÑOS DEL 4 DE FEBRERO

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Por Carlos Ernesto Rodriguez

Algunos lo llamarán “rebelión”, “movimiento cívico-militar” o “quijotada” pero nunca, nunca dejará de ser un vil golpe de estado.

4 de Febrero de 1992, una fecha que en Venezuela no deja indiferente a nadie. Quiero hacer a través de esta nota un relato breve de cómo viví aquel día y de cómo lo veo hoy, cuando han transcurrido 20 años del hecho y yo tengo 20 años más de experiencia vital.

En mi caso particular el golpe de estado del 4 de Febrero me tocó vivirlo en el Liceo Militar Ayacucho puesto que estudie en ese internado militar los 5 años correspondientes al bachillerato.  Estaba en el último año, preparándome para ingresar en la universidad.

La primera experiencia de ese día comienza muy temprano porque en el liceo militar nos tocaba despertarnos a las 5:30 am, sin embargo ese día eran ya las 6:15 am y no había sonado el toque de diana, por tanto algo que no era normal estaba ocurriendo. Cerca de las 6:20 am se da la orden de levantarse y uniformarse sin salir de los dormitorios. Recuerdo que ya una vez uniformado bajo al lugar donde estaba el oficial de guardia que para ese día era un teniente y le veo pegado a la pantalla del televisor. Una vez allí le pregunto ¿qué ocurría? y me dijo unas palabras que tarde varios segundo en procesar: Brigadier Rodríguez (era mi grado militar en el liceo), hay un golpe de estado.

Lo siguiente una vez que pude reaccionar a mi asombro fue preguntarle ¿Y de qué lado estamos nosotros?, la respuesta fue corta y clara pero no ayudó mucho a eliminar la incertidumbre del momento: “yo tampoco sé de qué lado estamos”, me dijo.

Con los años he analizado porque tardé varios segundos en entender lo que trataba de decirme y era lógico porque para mi generación la expresión “Golpe de estado” solo era posible en los libros de historia. Habíamos tenido la fortuna de nacer dentro de esos 30 años que van desde 1962 hasta 1992, que son los únicos dentro de la historia republicana de Venezuela donde no hubo “Golpes de estado”.

También he entendido con los años toda la realidad social y política que sirvió como caldo de cultivo para estos acontecimientos. La falta de inversión social, el descuido en la atención a las capas de la sociedad más vulnerables, el torpe manejo del gobierno y la falta de medidas que ayudaran a disminuir la desigualdad social no les dio una razón a los militares golpistas pero si les dio un pretexto, una excusa.

La mañana del 04 de Febrero continúo transcurriendo lentamente, en los dormitorios del liceo, pegados a los pocos radios que teníamos a disposición, así pudimos escuchar el mensaje del Comandante Arias Cárdenas desde Maracaibo, llamando a la solidaridad con los sublevados. Por esas cosas del destino, un compañero tenía una exposición esa semana de historia y tenía casualmente una grabación del mensaje de Almirante Wolfang Larrazábal el 23 de Enero de 1958, así que pudimos compara ambos discursos.

A media mañana y ya con las cosas más claras, vimos desde un televisor donde solo estábamos los alumnos de quinto año, el mensaje de Chávez y su “Por ahora”. Los primeros instantes eran de asombro de cómo alguien que tenía seguramente toda la noche sin dormir y dirigiendo una operación complicada podía hablar con un mensaje tan nítido.

Con los meses muchos de los oficiales implicados en el golpe fueron enviados a los liceos militares para que no comandaran tropas ni estuvieran dentro de las unidades con alto poder de fuego. Siempre me han apasionado los temas políticos y por ello pasé muchas horas hablando con esos tenientes y capitanes. Escuchando sus razones y argumentos, además de las experiencias de esos dos días (3 y 4 de Febrero).

A partir de allí, ese año ingresé en la universidad y en estos 20 años he visto como aquellos protagonistas del golpe de estado han hecho vida política, y he visto como no solo han repetido los errores de los gobiernos anteriores sino que han profundizado esos errores, polarizando la sociedad venezolana y aprovechándose de esa polarización para lograr sus fines políticos. Muchos de ellos son exitosos empresarios, no por sus habilidades gerenciales sino por sus contactos con sus “compañeros de rebelión”, que les garantizan contratos con las empresas públicas donde no priva el beneficio para el país, sino el beneficio propio.

20 años después, el muchacho de 17 años que era en 1992 es ahora un adulto de 37, que ha  tenido la suerte de ver y vivir otras realidades. De comparar, leer, analizar y hacerse una imagen de los hechos y sus consecuencias.

Me queda claro que no hay golpes de estado buenos y malos, todos son malos, puesto que tratan de hacer por la fuerza lo que sus líderes son incapaces de hacer por medio de la política o del manejo de la palabra. Me queda claro también que la democracia es y será siempre imperfecta pero que es preferible a la más eficiente de las dictaduras.

Por último creo que es importante entender que la conmemoración de hechos de fuerza donde las armas sustituyen a las palabras o a la negociación como medio para conseguir objetivos políticos no hacen ningún bien al país, dado que son siempre hechos que dividen y que exaltan a la violencia.

Se pueden utilizar todos los eufemismos que se nos ocurran para disimular la naturaleza violenta de un golpe de estado. Algunos lo llamarán “rebelión”, “movimiento cívico-militar” o “quijotada” pero nunca, nunca dejará de ser un vil golpe de estado.

carlosrodriguez@dialogopolítico.net

Escúchelo aquí

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